Vivimos en la sociedad de la hiperestimulación, las vidas ‘perfectas’, la ansiedad y la presión por la productividad. En semejante contexto, el cuerpo tiende a permanecer en hipervigilancia crónica, que lleva consigo una reducción significativa de la capacidad de pensamiento crítico.
Todo este proceso nocivo encadenado lo explica la neurociencia, «que confirma algo que el cuerpo sabe desde siempre: cuando vivimos en alerta constante, el sistema nervioso se organiza para sobrevivir, no para relacionarse», explica la fisioterapeuta experta en movimiento consciente e inteligencia corporal Bibiana Badenes.


