Movimientos saludables para animales humanos
Imagina que estás tumbado sobre la hierba. El peso de tu cuerpo se expande hacia el suelo, sientes su firmeza y su apoyo. Un pequeño impulso hace que gires la cabeza, el hombro, el tronco, las caderas… y en un instante estás boca abajo. No lo aprendiste ahora: lo recordaste.
El movimiento humano puede entenderse en términos de cuatro entornos funcionales que moldearon nuestra evolución: el Mundo del Suelo, el Mundo de los Árboles, el Mundo en Bipedestación y el Mundo de las Herramientas.
El Mundo del Suelo es la base: rodar, gatear, reptar, revolcarte, ponerte en cuclillas. Movimientos que desarrollan movilidad, control postural y fluidez corporal. Entre cazadores-recolectores y niños, pasar horas en el suelo era —y es— natural. Cambian de postura con facilidad, enlazando apoyos, rodando, sentándose y volviendo a moverse. Esa es la fluidez en el suelo: moverse cerca de la tierra con agilidad, sin rigidez, percibiendo cómo el peso fluye de un punto de apoyo a otro.
La mayoría de los adultos modernos han perdido esa fluidez. Rodar es el punto de partida más sencillo para recuperarla. Es básico, natural y conecta posturas: tumbado → sentado → gateo. Y sobre todo, entrena el reajuste: la capacidad de controlar el cuerpo mientras cambia de orientación respecto a la gravedad, una habilidad que sostiene el equilibrio y la coordinación en acciones más complejas.
La función de rodar
Rodar cumple dos funciones esenciales:
- Cambiar de posición estando tumbado (por ejemplo, de supino a prono).
- Transitar de acostado a una posición de apoyo o sentada.
Aunque hoy lo asociamos al juego, en la naturaleza era decisivo para:
- Huir: pasar de tumbado a posición de salida para correr.
- Amortiguar caídas: distribuir el impacto y seguir moviéndose.
- Combate o juego físico: pasar de defensa a ataque con rapidez.
Estos gestos ocurren poco en la vida moderna, pero fueron determinantes para la supervivencia. Todos implican reorganizar el cuerpo en movimiento y ajustar su relación con la gravedad.
Rodar y el desarrollo infantil
Los bebés comienzan a rodar entre los 4 y 6 meses, no por entrenamiento, sino por curiosidad. Primero por segmentos —cabeza, tronco, pelvis—, y luego en un movimiento coordinado de todo el cuerpo. Esto fortalece, entrena la propiocepción y enseña a responder a los cambios de orientación.
Ese aprendizaje temprano es pura conciencia somática: exploración, conexión con el suelo, escucha interna. Recuperarlo de adultos es reconectar con esa inteligencia corporal.
Mini-rutina somática para recuperar fluidez en el suelo
- Rodada cruzada lenta
Tumbate Boca arriba, déjate unos 30 segundos sintiendo tu respiración, lleva un brazo hacia arriba y deja que su peso inicie el giro del tronco. La pierna contraria sigue el movimiento. Llega a boca abajo y regresa. Hazlo despacio, sintiendo cada transición.
- Deslizamiento felino
Boca abajo, frente sobre las manos. Desliza un brazo hacia adelante como un estiramiento felino, notando el cambio de presión en costillas y abdomen. Alterna y luego haz diagonales con brazo y pierna contrarios.
- Espiral suave de columna
Boca arriba, rodillas flexionadas. Deja caer las piernas a un lado y permite que la cabeza gire al contrario. Siente cómo la columna se enrolla y desenrolla como una cinta, sin forzar.
En todos ellos, la meta no es “hacerlo bien” sino sentir: el contacto con el suelo, el peso que se desplaza, la respiración que acompaña y las zonas que se mueven más o menos.
Practicadlos a diario y cuéntame, y si te apetece haz algunos de los cursos que tenemos online


