Indios, vaqueros y superhéroes en el escenario global

Desde el western hasta Marvel, parece que la nación que se cree imprescindible ha construido su identidad como una narración heroica. A veces es un western, a veces una saga de superhéroes, a veces una epopeya de redención. Pero siempre hay un guion reconocible: un protagonista, un enemigo y una misión sagrada. El problema no es que produzca tanto cine, sino que con demasiada frecuencia parece gobernarse como si estuviera dentro de una pantalla.

Conviene decirlo con claridad: esto no es un ataque a un país ni a su gente. Es una reflexión sobre cómo los pueblos —todos— construimos relatos de poder y luego vivimos dentro de ellos. La nación que se cree imprescindible es también una creación colectiva, hecha de miedos, deseos, cine, educación y promesas. Criticar ese imaginario no es negar a su ciudadanía, sino tomarla en serio.

 

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